Un diario íntimo no tan íntimo y qué hacer con la ira, la frustración y el miedo

Un diario íntimo no tan íntimo y qué hacer con la ira, la frustración y el miedo

Escribir es una cable a tierra para mí, pero sé que no a todo el mundo le entusiasma. Sin embargo, si me das unos minutos, puedo mostrarte para qué podría servirte.  Es más, te desafío a empezar un diario íntimo si te animas. Tranqui, no voy a pedirte que me lo muestres, será solo para ti.

Hay días que la cosa se pone pesada ¿cierto? Te despiertas temprano con el sonido del despertador que parece ensañado en mutilarte el tímpano.

Con suerte desayunas, te vas al trabajo intentando no tropezar con la multitud de personas descontentas con su vida que deambula por la calle cuasi zombi, y ya a media mañana la montaña de problemas comienza a crecer.

Llega el mediodía, te tomas un rato para almorzar sorteando los veinte emails que necesitas responder y siguen esperando en tu bandeja de entrada. Decides quitar el sonido a tu teléfono que estás a punto de arrojarlo por la ventana.

Si no te quedas dormido en la sobremesa, el día sigue transcurriendo. Y alrededor de media tarde ya te hiciste mala sangre por al menos diez cosas, tuviste alguna que otra discusión subida de tono porque alguien se cree con más derechos de los que debería, tus emociones se nublaron un par de veces y la pregunta obligada aparece en tu cabeza...

¿Por qué me pasa todo eso?

Claro, te sabe a poco. Eso no justifica ni de cerca la montaña rusa emocional en la que te has embarcado hoy, así que sigues con tu propio interrogatorio digno de un detective de emociones.

  • ¿Qué hice yo para merecer esto?
  • ¿Quién me manda a hacer estas cosas?
  • ¿Realmente quiero vivir así?
  • ¿Es que nadie soluciona nada y todo recae sobre mí?

Y casi como un destello en plena noche, la reflexión de turno se apodera de tu mente:
Necesito cambiar algo porque a este ritmo no llego al fin de semana (recién es martes, no lo pierdas de vista)

¿Te suena? bien, entonces sigamos porque nos estamos entendiendo.
Estas situaciones son mucho más comunes de lo que crees.
Fuera culpas, no has hecho nada para sufrir así. Sin embargo tienes la asombrosa capacidad de convertir todo eso en una experiencia enriquecedora para tu bienestar personal.

Tranquilo, no estoy loca. Sé que se oye rarísimo dicho así, pero te aseguro que si lo tomas con calma y acomodas un par de ideas en tu cabeza, ese maremoto hostil de emociones te ayudará a entenderte. Y sí amigo mío, la clave está en aprender a conocerte.

Te digo esto porque yo misma estoy aprendiendo desde hace años a liderar mis emociones para trascenderlas y no dejarme llevar por ellas.
Si te interesa, ven conmigo, sumerjámonos en esta aventura y hagámoslo juntos.

Hasta hace unos años vivía enojada, discutía con frecuencia y mi familia me decía que siempre tenía cara de... bueno, sí, ya sabes a qué me refiero.

Los dolores de espalda y de cabeza eran habituales. Me costaba mucho encontrarle un sentido a las cosas aunque me obligaba a buscar algo más.

Mi vida social era casi nula, la mayor parte de las personas con las que me relacionaba tenían el mismo patrón: pereza-aislamiento-superficialidad.
Oh sí, era tan buena eligiendo compañías (te escuché, sabía lo que estabas pensando así que ojo).


Los problemas económicos eran la norma y rara vez caminaba por la calle sin esa sensación de malestar que te deja aletargado.

Pero claro, iba tan rápido, hacía tantas cosas, jamás decía que no y era la ejecutiva más eficaz del planeta. Bueno, o eso creía mientras mi atiborrada agenda no me permitía salir de la oficina antes de cumplir 10 horas de trabajo ineficiente.
Sí, no es un error de escritura, dije ineficiente. Porque estaba a mil, pero los resultados eran realmente insuficientes a nivel personal.


¿Autorrealización? ¿Y eso qué es? pensaba.
No puedo parar porque soy tan imprescindible. Si estoy bien con lo que hago, claro no lo disfruto ni un poco porque no tengo tiempo ni para respirar y mi vida es un verdadero carro de soluciones andante, pero ya tendré tiempo de disfrutar.

Se supone que soy joven y estoy en el momento de hacer mil cosas para asegurarme un futuro, no voy a perder mi valioso tiempo en nimiedades (un poquitín egocéntrica ¿no? en fin).
Ahora es momento de producir, trabajar como una bestia y descansar lo mínimo.
Como ves, ni se me ocurría un cambio de actitud.

Pero... porque siempre hay un pero...

En mi mundo ideal yo soñaba con:

  • Aprender a vivir en la incertidumbre sin que me creara ansiedad
  • Conocerme tanto como para gestionar mis emociones con naturalidad
  • Aliviar rápidamente esa sensación de angustia que me atacaba cuando me enfrentara a un desafío
  • Trabajar de algo alineado con mis valores
  • Contribuir al bienestar de las personas que estuvieran dispuestas a vivir mejor
  • Manejar mi tiempo a mi antojo
  • Despertarme ilusionada y con ganas de hacer cosas cada mañana

Lo sé, suena utópico, para mí resultaba algo muy lejano también y por qué no decirlo, imposible.
Pero me equivoqué, porque no solo existe sino que es muy posible vivir de esa manera. Así que si un estilo de vida similar te llama la atención, quizás sea tu momento también.
Me estoy acercando mucho a ese "ideal", algunas cosas ya las logré, otras estoy a un par de escalones de hacerlo y te juro que no lo cambiaría por nada

Deja que suceda
lo que tenga que suceder

Es una frase con la que comienza un libro de Mónica Fusté y con la que me siento absolutamente identificada. Y sí, es una de las cosas que más me cuestan, dejar que todo suceda como está escrito.

Porque sí, estoy segura que en algún lado está escrito lo que vamos viviendo. Si no, no encuentro explicación a la perfección de las cosas y las sincronicidades que experimento casi a diario.

¿Sabes de qué hablo? Cuando podemos estar días buscando algo sin encontrarlo y en cuanto llega el momento indicado, aparece. El libro justo, la persona indicada, el tiempo libre, el fin de algo, una pelea, un reencuentro, una charla con alguien, una frase en algún lado. Sí, sabes a qué me refiero.

A veces pierdo un poco la brújula, pero en cuanto vuelvo a mi eje, soy capaz de darme cuenta que la vida es como una gran orquesta, donde cada instrumento hace lo suyo.

Me gusta pensar que nada es por azar, lo sé, seguramente lo habrás leído en infinidad de libros, pero realmente lo creo. Es imposible que algunas cosas encajen tan pero tan bien. Te habrás dado cuenta ya, seguramente lo hayas notado, porque a todos nos pasan un montón de cosas que creemos casualidades.

Y no, no creo en las casualidades. Creo en las sincronías, creo en que todo sucede por y para algo. Si sucede, conviene. Para mí es así y me gusta esa forma de ver la vida.

Me tranquiliza saber que hay algo más grande, mucho más grande que yo. Así puedo confiar, estoy segura que en momentos álgidos tendré esa pizca de serenidad que me da saber que después de la tormenta llega la calma.
La misma calma que me hace sentir tan cómoda como para disfrutar un rato, y preparar el próximo movimiento.

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Ya sé, hay gente que preferiría vivir en un estándar prefabricado del primero al último día de su vida. Bueno, yo no, claramente no pertenezco a ese grupo.
Necesito movimiento, adoro los cambios, me aplasta la rutina. Lo normal me aburre mucho. Además ahora le doy una gran importancia al respeto a mí misma.

Si el tiempo pasa y me siento con esa pereza típica de la comodidad extrema, sé que algo no va bien. Es hora de cambiar.

Una vida mediocre es lo más fácil que podríamos lograr. Te dejas llevar por el día a día sin hacer mucho más que estar, permanecer y listo. En cambio ¿y si te arriesgaras a poner lo que hay que poner sobre la mesa, barajar y dar de nuevo?

Suena desafiante ¿verdad?
Genial, ahí es justo donde empiezas a vivir de verdad. Cuando la sangre comienza a hervir es el momento adecuado. Sí, un poco de chispa y ya está.
Hora de dar vuelta la página y volver a empezar... aunque sea desde cero ¡Hazlo!

La vida es magia... con la varita adecuada podrías transformarte.
Sólo hace falta identificarla.


Menuda proeza, que a más de la mitad de la población mundial le resulta imposible verla. No importa, puedes quedarte sentado esperando y mejor que tu silla sea cómoda o animarte a avanzar, descubrir y meterte de lleno a lo nuevo aunque te aterre. El resto es solo disfrute ¿vamos?

Respira hondo.
Si sí, ahora, en este preciso instante. Respira tan profundamente como puedas.
¿Lo sientes? eso es estar vivo.
Y si sonreíste por la sensación cálida ¡bienvenido! Tenemos mucho por hacer.

Cada vez que experimentes una emoción, sentirás rápidamente la opuesta. Es imposible estar en un único y permanente estado emocional. La monotonía podría matarnos.

Así que si eres consciente de este ciclo, perderás gran parte del temor a sentirte mal, por una simple razón. Ahora te sientes mal pero en un rato se te pasará, tan fácil como eso.

Cuando la ira te atrape

  • Pregúntate si ¿realmente vale la pena?
  • ¿Es tan importante para ti eso que ha sucedido?
  • ¿Te mereces sufrir por ese episodio o esa persona como lo estás haciendo?
  • ¿Estás enojado o es otra cosa?

Ve al fondo de la cuestión, desármala, entiéndela, acércate tanto que puedas casi palparla. Solo así sabrás por qué te enojaste de semejante manera.

Si algo te frustra

  • Observa qué lo provocó.
  • Atrévete a preguntarte ¿qué esperabas?
  • ¿Qué expectativas tenías en ese hecho que no ha salido como creías que iba a salir?
  • ¿Por qué no puedes verlo como un aprendizaje?
  • ¿Qué te dejó de bueno la experiencia?
  • ¿Qué podrías mejorar si volvieras a hacerlo?

Si diste lo mejor de ti por lograrlo, puedes sentirte en paz. Si no, la próxima pon más de la cuenta.

Al tener miedo

  • Haz un esfuerzo por entender ¿Qué lo provoca?
  • ¿Qué es lo peor que puede pasar?
  • ¿Qué esperas que suceda?
  • ¿Qué resultados obtendrás si lo haces igual aunque tengas miedo?
  • ¿Qué significa para ti superar eso que tanto temes?
  • ¿Qué estás perdiendo por ese temor?
  • ¿Qué ganas manteniendo ese miedo en tu vida?

Sincérate, siente, haz el ego a un lado y permítete empaparte de la sensación. Deja de esquivarla por lo que te imaginas que va a pasar. Hazlo y punto. Quizás nunca suceda eso que tanto temías.

Ahora sabes qué hacer con la ira, la frustración y el miedo. 
Una buena manera de "descomprimir" es volcar todas esas sensaciones al final del día, sobre el papel (vamos que un documento de Word o Evernote también sirve). Así, al cabo de un tiempo tendrás tu nuevo diario íntimo.

La idea es que no te quedes con toda la basura emocional dentro. Necesitas irte a dormir vacío de preocupaciones o molestias para descansar al máxima

Libera espacio, deja lugar para las sensaciones más favorables y verás como poco a poco recuperas parte de tu paz mental.
Comienza por esto y ya te hablaré sobre cómo cambiar los estados emocionales.

Primero necesitas entender qué te pasa para luego saber cómo manejarlo.

Tienes tarea, confío en que sabrás utilizarla. No todo el mundo está dispuesto a hacer el esfuerzo de conocerse, así que te felicito desde lo más profundo de mi corazón por hacer algo bueno por tu propia vida.

Gracias por leerme y te veo en el próximo post.
Besote
Cyn

PD: Ah, por cierto… si hay alguna emoción en particular de la que quieras charlar, déjame un comentario y te leo más abajo.

2 comentarios en “Un diario íntimo no tan íntimo y qué hacer con la ira, la frustración y el miedo

    • Hola Lucy, muchas gracias!
      Sí y ganas de estar mejor.
      Cuando te das cuenta lo importante del bienestar permanente, es fácil hacerlo un hábito. Besote y gracias por tu comentario.

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